Asesoría e Investigación en Temas Jurídicos, Económicos y Sociales.

jueves, 29 de marzo de 2007

El Rock es cultura

Por: Mauricio Hilbck Ríos

El pasado 12 de marzo fui testigo de uno de los espectáculos más extraordinarios presentados en la capital peruana: Roger Waters, el ex líder de la banda Pink Floyd, ofreció un concierto de casi 3 horas que hizo cantar, emocionar y hasta llorar a las más de catorce mil (14,000) personas que abarrotaron la explanada del Estadio Monumental en Ate. No pienso entrar en los detalles de cuan perfecta y genial me parecen las composiciones y la música creada por este personaje y su ex banda, simplemente porque, de esa manera, el artículo sería totalmente sesgado hacia mis gustos musicales, los cuales por obvias razones no son compartidos por todos los lectores. Sin embargo, creo que si podemos coincidir en que todo tipo de expresión artística es cultura; justamente, lo que vimos esa noche fue una composición de arte audiovisual que expresaba, mediante metáforas, los principales problemas que destruyen cada vez con más fuerza a la humanidad (violencia, guerras, represión, discriminación social, falta de solidaridad y un largo etcétera) y, que a su vez, nos llevaba a reflexionar sobre nosotros mismos, nuestro compromiso, y nuestro verdadero rol en la sociedad en la que vivimos, para buscar soluciones a estos problemas[1].

La discusión anterior trae a colación un tema netamente económico: los impuestos. Y es que a diferencia de Chile y Argentina, donde también se presentó Waters, en el Perú se cobra un treinta por ciento (30%) sobre los ingresos totales del artista, por concepto de Impuesto a la Renta y un quince por ciento (15%) por Impuesto Municipal. Sobre el primero de ellos, debemos decir que se debería eliminar la potestad del INC para calificar qué espectáculo es cultural y que otro no[2] para que, de esta manera, espectáculos como el descrito puedan ser exonerados de este impuesto (además del IGV) y puedan repetirse por estos lares. De la misma manera, debería estudiarse mejor el impacto del impuesto municipal, puesto que creemos, sería mucho más beneficioso el impacto positivo de una mayor promoción de actividades artísticas y de entretenimiento de este tipo, que lo recaudado vía este impuesto.

En suma, el Cuarenta y cinco por ciento (45%) de impuestos en la entrada no hace más que desincentivar al empresario local, aumentar el precio de las entradas y reducir la oferta de localidades, por el contrario, el evitar esta “desproporcionalidad impositiva”[3] traería externalidades positivas que se vieron durante la visita de Roger Waters a nuestro país cuando el mismo promocionó la votación por Macchu Picchu como una de las nuevas siete maravillas del mundo, así mismo, el concierto atrajo fanáticos de Ecuador y Colombia quienes estimularon el consumo y el turismo dentro de nuestro país, pues muchos de los visitantes, continuaron con rumbo a la ciudadela inca mas famosa de la ciudad del Cuzco. Finalmente, creemos que ciertas decisiones en cuanto a la reforma tributaria han sido llevadas de la mejor manera, incluso desde el punto de vista político (como el tema de exoneraciones a las regiones de la Selva), sin embargo se han dejado muchos temas pendientes como, el tratado en el presente artículo y otros también ligados a la actividad cultural en nuestro país, como el de la no exoneración de aranceles a los libros.

[1] La UNESCO, en 1982, declaró que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros, seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden. (UNESCO, 1982: Declaración de México).

[2] Para el INC, el Ballet es un espectáculo cultural, mientras que la danza contemporánea no lo es. De la misma forma, el concierto de “Floricienta” fue catalogado como espectáculo cultural, mientras que el de Roger Waters no lo fue (¿?).

[3] Véase la editorial del diario “El Correo” del domingo 25 de marzo.